Siguiendo aqui con los trabajos propuestos por Paula y cia, la entrevista que hice con Devota de la Luna allá en octubre del 2008.
Perdonen el apuro, ya corregiré algunas cosas como la falta de gráficos.
Conocí a la Devota de la Luna en mi viaje a Santa Fe tres semanas atrás. Había viajado junto a un montón de gente al "Shuffle", un evento pro-anime que organizaba -entre otros- un amigo mío de esa ciudad. El anime es el nombre que se le da a los dibujos japoneses, o como le dicen algunos “dibujitos chinos”, sin darse cuenta que en China no hay capitalismo, así que sería imposible mantener una industria multimillonaria como son los estudios de animación en ese país.
Ese domingo empezó muy temprano, conmigo maquillada y peinada para el concurso de disfraces a las seis de la mañana en la Terminal Mariano Moreno. Considerando que el colectivo de regreso estaba programado para las cinco del día siguiente, la una de la tarde me parecía una enormidad. Cansada, y debo admitirlo, un tanto aburrida, camino por los mismos stand que hace tres horas ya veía, creyendo no encontrar algo demasiado nuevo para ver. Vuelvo a dar vueltas en el mismo círculo de puestos, todo era tentador a comprar, pero decidí refrenar los instintos un rato. De pronto, un puesto me llama la atención. En él había muchas cosas para vender, pero no el típico "merchandising". En el puesto sólo hay chicas, pero no es eso lo que llama mi atención. En el puesto hay carpetas, con curiosidad abro una de ellas.
Al hacerlo, el dibujo de una jovencita mirándose a un espejo. Es algo muy extraño, porque me impacta de modo muy profundo, siendo yo una persona que no se deja impresionar fácilmente. Inmediatamente pregunto por el o la artista (una palabra que le cabe justo a esta persona). Dos chicas levantan la mirada con sorpresa. Inmediatamente nos pusimos a conversar. Allí supe que eran partes de un grupo de dibujantes amateurs, que algunas de ellas escribían y otras dibujaban. Inmediatamente sentí que había algo en esas obras que me llevó a comprarle dos de sus producciones sin pensarlo demasiado. Ellas estaban felices, yo me di cuenta, de que alguien reparara en ellas, en un lugar donde cada actividad competía fuertemente contra la otra, considerando que había desde máquinas de pump-it-up (ese juego en que los chicos saltan arriba de una pista con música), exhibiciones de kung-fu, concurso de canto grupal hasta desfile de ropa dark, gotica y demás, todo esto sin olvidarnos del gran cosplay (el concurso de disfraces donde yo participé). La autora del dibujo usa como su seudónimo “Devota de la Luna”, y viste de negro con una cierta remembranza a las góticas y unos grandes aros con forma de medialuna. No sé porqué razón, pero en aquel momento me pareció que lejos de estar fuera de tono, no podía quedarle ese estilo mejor a ninguna otra persona. Saqué unas fotos (que no incluyo aquí pues me parecen un bello recuerdo, pero como verán después quizás opaquen el misterio que Devota logra transmite a su público) y prometí mantenerme en contacto.
La oportunidad del reencuentro se dio conmigo jugando de local, en Leyendas 2008, evento ahora convertido en un clásico que según sus organizadores se dedica al “comic, rol y ciencia ficción”, pero que la gente que asiste se encarga de que se vuelva cualquier otra cosa. Mi intención era acercarme el sábado, pero el problema de ser cosplayer es que te vuelve protagonista, así que ese día la gente comenzó a tirarme del brazo para sacarme fotos y apenas puedo acercarme al stand de “Paganus”, el grupo que nuclea a cuatro dibujantes y escritoras, una de ellas mi futura entrevistada.
Así que después de haber sufrido el caos del sábado, ese domingo voy de civil dispuesta a lograr algo así como una entrevista de Devota... Cuando la encuentro nuevamente, ella presenta un aspecto cansado muy similar al mío, aunque hiciera un esfuerzo por disimularlo. Le digo “¿Te acordás de mí? Nos vimos en Santa Fe”. Pero claro, lo más probable es que no, vestida de calle no soy demasiado identificable, o al menos no tanto como lo estuve en las oportunidades anteriores. Luego parece caer en la cuenta (los dibujantes tienen una memoria visual distinta a la del resto de los mortales) y le ofrezco un descanso para conversar. Ella me sugiere ir hacia el bufete, en donde supuestamente estará más silencioso. Eso no fue verdad, las proyecciones hacían muchísimo ruido, pero el lugar era cómodo. Una hoja de dibujo llama la atención de Devota: es un chico con una remera de “Pomelo” que pasa sus bocetos al negro. Ellos hablan de cosas relacionadas al color y los materiales del trabajo. Para los que son dibujantes “Leyendas” tiene un significado diferente que para aquellos que simplemente van a mirar, es una oportunidad de intercambiar conocimientos con sus pares, distintamente al “Shuffle” que es algo así como una gran fiesta de cumpleaños de quince de otakus (el nombre que en la jerga tienen los fans del anime, y que daría para una discusión semiológica importante).
Yo le ofrezco algo de tomar, pues el calor parecía cocinarnos en cualquier momento. Inmediatamente ella responde “una Coca-cola”, yo me pido una Sprite. Nos despedimos del chico (que por las calles que mencionó era de Capital), ella lo felicita y lo invita a ver sus carpetas de trabajos. Luego nos sentamos con nuestros vasos.
La idea de la entrevista despierta curiosidad pero también resquemor en Devota... los grabadores asustan a las personas que no acostumbran verlos, yo hago un esfuerzo por explicarle que lo necesito porque –y es totalmente verdad- tengo muy mala memoria. Ella me dice que no le gusta su voz en los micrófonos, yo también la detesto y digo que la mía es peor, rescuchando la grabación me doy cuenta que tuve la razón. Ella me pregunta para qué lugar es la entrevista, pues desea verla. “Para el blog de la universidad”, en ese momento creí que iba a ser así aunque ya comenzaba a dudarlo, presentía que era demasiado para desperdiciarlo en una nota pequeña pero aún no podía dar precisiones. Luego me cuenta que el día anterior le habían hecho una entrevista con cámara, y que se puso muy nerviosa y que “escupió” todo en cinco minutos. Le sugiero que se olvide del micrófono, que hable sin prestarle atención. Irónicamente los de la cámara son mis propios compañeros de la facultad que hacían su documental sobre el evento y en donde yo también fui protagonista.
Mi primer pregunta es por su verdadero nombre, cosa que se niega a darme. Un paso en falso que aún no entiendo como cometí, mejor dicho como no advertí, pues nunca me sentí tan principiante como en ese instante. Pensé en ese momento en mi profesora, que me había advertido de que no fuera con ningún tipo de expectativa, así que dejé que las cosas siguieran su propio curso. Entonces le pregunto por su seudónimo, ella me cuenta que desde chica siempre le gustó “el astro” y que no tiene nada que ver como solían preguntarle, con Sailor Moon. Ahí siento un punto de identificación conmigo: todas las chicas de mi generación vimos Sailor Moon, lo admitan hoy o no, y nos influenció con su lema de “fuertes, jóvenes y bellas” y su constante discurso sobre la importancia del amor y la amistad. Eso me dio pie a que también conocía algo de anime, cosa que me tranquilizó (los mal llamados otakus somos un elemento un tanto inquietante para los dibujantes, y posiblemente invasor). Lo que le gustaba de la serie es que “tenía lunitas por todos lados” y que cada vez que hace sus trabajos trata de introducir una luna. Ella me cuenta que cuando empezó, todas sus amigas tenían un seudónimo, y que llegó a la conclusión que lo que sentía por el astro era algo así como “una devoción”, y de allí se constituyó su personalidad artística.
Tiempo después comprendí que como buena luna que es, es una tontería tratar de descubrir sus misterios, pues en él se encuentra su encanto. Claro que siendo que a mi signo, Escorpio, lo rige Plutón, el planeta de lo trascendental y misterioso, es imposible negarme un secreto, así que sin quererlo terminó diciéndomelo el día que me vendió uno de sus trabajos. Pero como Escorpio es la pesquisa pero también lo oculto, voy a llevarme ese secreto conmigo.
Devota habla rápido, incluso de prisa, a veces se traba un poco, pero no deja de hablar, y el tema es nuestra infancia, ella me revela que tiene veintitrés años, mi edad exacta. Hablamos de las series que conforman nuestro “codigo subcultural”, ella menciona a las dos restantes: Saint Seiya (Caballeros del Zodíaco) y Dragon Ball. Encontramos en la comparación inevitable con las Sailor otro punto en común: las relaciones que las personas hacen (hay gente que cree que el anime influyó en mi decisión de estudiar japonés, cosa que no es verdad) , ella me cuenta que una de sus compañeras también estudia japonés, pero no pudo venir. Ella me cuenta que es la única del grupo que trabaja pero no estudia “no porque no quiera”, se cubre, un poco temerosa, esa es la razón por la que pudo viajar. Trato de tranquilizarle contándole algunas experiencias mías, parece que lo logro.
Devota me cuenta de sus influencias, y se niega a encasillarse en algún estilo en particular, como observa hacen otras personas. Del manga rescata la posibilidad de trabajar en blanco y negro, lo que abarata costos. Habla de los viajes con “Paganus” y que no piensa en recuperar el costo de los trabajos allí, su interés en “Leyendas” fue
conocer los trabajos de otras personas y es su primera vez en Rosario. Ahora cuenta que en la Capital (ella es de provincia), las exposiciones suelen cambiar de nombre muy seguido, pero que los organizadores las contacta. A su vez su público a veces es fijo, pero algunos sólo los ve una vez. La conversación pasa al grupo, que tuvo un staff cambiante a lo largo de cuatro años, pero que ahora son las cuatro chicas. Ella se ríe al recordar a una de sus amigas cuando dice “somos las CLAMP” (un grupo de dibujantes japonesas muy famoso compuesto por cuatro mujeres), y ella le responde “¡Ojalá!”, y nos reímos ambas, yo respondo: “pero las Clamp también fueron once al principio y quedaron cuatro”. Ella se engancha con la idea del grupo, sigue hablando de cómo conoció a gente que le gustaba “el medio” y le interesaba la idea de publicar sus trabajos. Entonces deciden conformar un grupo de trabajo para unir fuerzas. Nos interrumpen para saludarme, una chica se acerca a saludarme por el cosplay de la noche anterior, el celular me interrumpe y me obliga a retirarme un rato. Nos despedimos de la otra chica y seguimos hablando, mientras algo así como una gaita casi nos pela los oídos.
Seguimos hablando de los eventos a los que ha asistido, destaca el hecho de que los organizadores las conocen, que aunque son pequeñas (unos veinte stands) no son comerciales, y que hay muchas autopublicaciones, aunque han ido a otras donde están las grandes comiquerías. Me destaca la libertad artística con la que se manejan, y que el sello es más una forma de manifestarse, pues en sus obras cada una trabaja con su estilo independiente. Está feliz de poder ir a más eventos y mostrarse, incluso uno de sus trabajos tuvo tanta demanda que pasó de tener una tirada de treinta ejemplares a cien por tirada.
Hablamos sobre el profesionalismo, a raíz de que sus trabajos los imprimen en sus casas, estamos de acuerdo que las cosas necesitan más que calidad de materiales, el contenido que cada uno aporta. Nos metemos en temas feministas, yo pienso que fue intencional el hecho de que fueran mujeres, ella me saca de mi error, pues algunas vez tuvieron participantes varones, pero ahora el grupo ya se conformó y son solamente chicas. La idea principal fue “somos un grupo de amigas que nos gusta lo mismo”. De todos modos eso la influye, pues han hecho esfuerzo por darle un toque femenino “glamoroso y rosa” según sus propias palabras al stand. Y les funciona, porque ese fue el primer aspecto que percibí en Santa Fe. Hablamos de que el comic es un palo de varones de modo histórico
Luego vamos para su estilo de trabajo. Como Devota es una de las dibujantes que “trabajan de otra cosa” como dice la propaganda televisiva, hace un esfuerzo de quitarle tiempo a su propia vida para dibujar. Maneja sus tiempos como puede, aunque tratándose de poner objetivos para los eventos. Ella destaca que ese es su modo de trabajo, muy personal, como es toda ella. Habla de sus primeros trabajos como ilustradora de los trabajos, pero ahora está con “Magia”, su primer trabajo exclusivo. Me cuenta que no tiene un género específico, pero que esta historia mezcla la magia con las relaciones personales, y que se considera que está en una etapa de experimentación (yo también lo vi al ver su carpeta de trabajos, de los que seleccioné un par para mostrar aquí).
Mis preguntas ahora toman otra rumbo: el de las influencias (irónicamente, por donde empezamos). Le cuesta encontrar un referente único pero hace un esfuerzo para complacerme. De Japón, Clamp y Ai Yazawa (otra mujer, lo me indica que está más marcada por el género de lo que ella misma piensa), aunque son más bien “cosas que gustan”. Se niega rotundamente al hecho de ser encasillada en un estilo manga, pues al igual que todos los dibujantes que conocí en mi vida (y se precian de serlo), cree en que la historieta es una sola, y no debe encasillarse en distintos nombres. Vuelve el tópico generacional, sobre cuando los amigos de la infancia nos censuraban los televisores para no dejarnos ver anime y la poca comprensión que recibíamos en ese entonces, ella coincide con mi pensamiento en que los usos han cambiado con la masificación de la Internet. Su consumo de historias es voraz; trata de leer todo lo que llega a sus manos, que la historieta crezca y que haya gente que pueda trabajar de ello, pues son puertas que se abren para darse a conocer al mundo.
Rompo el esquema del dibujo, paso al cine. “No hay cosa que me guste más que una sala de cine”. Ahí sentí un cambio, que me había acercado a ella realmente, pues según sus palabras la atmósfera que se respira es increíble. Declara su amor prohibido a Disney, aunque detesta a Mickey Mouse. Gusta también el género de Ciencia Ficción y el Medieval, aunque no le llame el terror. “También me gusta el cine argentino y español”, insisto sobre el tema y cita a “El laberinto del Fauno” y las películas donde participan Darín, Norma Aleandro y Hector Alterio. Ella insiste en que su gusto es heterogéneo, así que pregunto por la música.
Sobre la música tiene un pensamiento similar: le gusta Soda Stereo y Cerati como solista. “Shakira también, aunque nada que ver”, dice. Entonces le recuerdo que al mimo Cerati también le gusta, pues trabajó varias veces con la colombiana y nos reímos. Nightwish, el J-Rock y Era, Evanescene por un lado aparecen, por el otro Mozart también, aunque la cumbia y el cuarteto “no le llaman”. Recuerda que su abuelo bailaba con ella chamamé, pero ahora ya no escucha. “¿Y tango?”, pregunto. “El instrumental, las letras tanto no me enganchan tanto”.
Seguimos hablando de la disyuntiva: “estudios grandes vs buenas ideas”; un recuerdo se le dispara: su madre le mostraba Disney y su padre Stars Wars. Bromea con esa idea sobre George Lucas y sus deseos de sacar cuartas partes de sus películas (aquí no lo dice pero se refiere a la última entrega de Indiana Jones) y se pregunta con ironía “¿que ya no es bastante rico?”. Descubrimos un pasado con puntos similares, con mi temprana lectura de Nippur de Lagash, aquella historieta de Robin Wood que hablaba de la lejana tierra de vagabundos, guerreros y amazonas como lo era la lejana sumeria (luego descubriría en la primaria que es allí donde nació la escritura) por influencia de mi mamá que leía la “Nueva aventura”, una versión acotada de “El Tony”. Hablamos de los orígenes de Leyendas, desde que nació a hoy. Sin quererlo pasamos a las tribus urbanas y nos reímos de las tonterías que aparecen en la televisión sobre eso y sobre los otakus, tema que daría para otra discusión.
El tiempo se nos fue agotando, sin darnos cuenta hablamos más de una hora. Ahora siento que me quedaron tantas cosas para hablar, pero que trataré de ver a través de sus dibujos. Sigo mirando sus obras y siento que nuestra conexión tiene un punto en común, que son los temas femeninos, como se ve en la mayoría de sus trabajos. Aún estoy impresionada por muchos de ellos, causan una sensación en mí muy extraña, como este último que usa mi color favorito de todos, el violeta de un modo suave e intenso a la vez. Ahora a lo lejos trato de descubrir más, pero aún me cuesta mucho... quizás sea un efecto intencional, en que cada uno deba encontrar sus propias asociaciones, sus propios significados... a mi me trajo a la memoria la infancia, la juventud y los deseos de crecer y creer en algo que quizás nadie más cree... un sueño que marca tu vida de forma definitiva, y por muy imposible que sea no se quiere ni se puede dejar de soñar. Sobre su autora, creo que nunca encontré a alguien con tantos misterios, pero a la vez tanto para descubrir como Devota de la Luna, un nombre perfecto para alguien que irradia brillo en sus obras, pero sin dejar de mantener una nebulosa de misterio en su persona, igual que la misma luna.
Victoria Varela
Perdonen el apuro, ya corregiré algunas cosas como la falta de gráficos.
Conocí a la Devota de la Luna en mi viaje a Santa Fe tres semanas atrás. Había viajado junto a un montón de gente al "Shuffle", un evento pro-anime que organizaba -entre otros- un amigo mío de esa ciudad. El anime es el nombre que se le da a los dibujos japoneses, o como le dicen algunos “dibujitos chinos”, sin darse cuenta que en China no hay capitalismo, así que sería imposible mantener una industria multimillonaria como son los estudios de animación en ese país.
Ese domingo empezó muy temprano, conmigo maquillada y peinada para el concurso de disfraces a las seis de la mañana en la Terminal Mariano Moreno. Considerando que el colectivo de regreso estaba programado para las cinco del día siguiente, la una de la tarde me parecía una enormidad. Cansada, y debo admitirlo, un tanto aburrida, camino por los mismos stand que hace tres horas ya veía, creyendo no encontrar algo demasiado nuevo para ver. Vuelvo a dar vueltas en el mismo círculo de puestos, todo era tentador a comprar, pero decidí refrenar los instintos un rato. De pronto, un puesto me llama la atención. En él había muchas cosas para vender, pero no el típico "merchandising". En el puesto sólo hay chicas, pero no es eso lo que llama mi atención. En el puesto hay carpetas, con curiosidad abro una de ellas.
Al hacerlo, el dibujo de una jovencita mirándose a un espejo. Es algo muy extraño, porque me impacta de modo muy profundo, siendo yo una persona que no se deja impresionar fácilmente. Inmediatamente pregunto por el o la artista (una palabra que le cabe justo a esta persona). Dos chicas levantan la mirada con sorpresa. Inmediatamente nos pusimos a conversar. Allí supe que eran partes de un grupo de dibujantes amateurs, que algunas de ellas escribían y otras dibujaban. Inmediatamente sentí que había algo en esas obras que me llevó a comprarle dos de sus producciones sin pensarlo demasiado. Ellas estaban felices, yo me di cuenta, de que alguien reparara en ellas, en un lugar donde cada actividad competía fuertemente contra la otra, considerando que había desde máquinas de pump-it-up (ese juego en que los chicos saltan arriba de una pista con música), exhibiciones de kung-fu, concurso de canto grupal hasta desfile de ropa dark, gotica y demás, todo esto sin olvidarnos del gran cosplay (el concurso de disfraces donde yo participé). La autora del dibujo usa como su seudónimo “Devota de la Luna”, y viste de negro con una cierta remembranza a las góticas y unos grandes aros con forma de medialuna. No sé porqué razón, pero en aquel momento me pareció que lejos de estar fuera de tono, no podía quedarle ese estilo mejor a ninguna otra persona. Saqué unas fotos (que no incluyo aquí pues me parecen un bello recuerdo, pero como verán después quizás opaquen el misterio que Devota logra transmite a su público) y prometí mantenerme en contacto.
La oportunidad del reencuentro se dio conmigo jugando de local, en Leyendas 2008, evento ahora convertido en un clásico que según sus organizadores se dedica al “comic, rol y ciencia ficción”, pero que la gente que asiste se encarga de que se vuelva cualquier otra cosa. Mi intención era acercarme el sábado, pero el problema de ser cosplayer es que te vuelve protagonista, así que ese día la gente comenzó a tirarme del brazo para sacarme fotos y apenas puedo acercarme al stand de “Paganus”, el grupo que nuclea a cuatro dibujantes y escritoras, una de ellas mi futura entrevistada.
Así que después de haber sufrido el caos del sábado, ese domingo voy de civil dispuesta a lograr algo así como una entrevista de Devota... Cuando la encuentro nuevamente, ella presenta un aspecto cansado muy similar al mío, aunque hiciera un esfuerzo por disimularlo. Le digo “¿Te acordás de mí? Nos vimos en Santa Fe”. Pero claro, lo más probable es que no, vestida de calle no soy demasiado identificable, o al menos no tanto como lo estuve en las oportunidades anteriores. Luego parece caer en la cuenta (los dibujantes tienen una memoria visual distinta a la del resto de los mortales) y le ofrezco un descanso para conversar. Ella me sugiere ir hacia el bufete, en donde supuestamente estará más silencioso. Eso no fue verdad, las proyecciones hacían muchísimo ruido, pero el lugar era cómodo. Una hoja de dibujo llama la atención de Devota: es un chico con una remera de “Pomelo” que pasa sus bocetos al negro. Ellos hablan de cosas relacionadas al color y los materiales del trabajo. Para los que son dibujantes “Leyendas” tiene un significado diferente que para aquellos que simplemente van a mirar, es una oportunidad de intercambiar conocimientos con sus pares, distintamente al “Shuffle” que es algo así como una gran fiesta de cumpleaños de quince de otakus (el nombre que en la jerga tienen los fans del anime, y que daría para una discusión semiológica importante).
Yo le ofrezco algo de tomar, pues el calor parecía cocinarnos en cualquier momento. Inmediatamente ella responde “una Coca-cola”, yo me pido una Sprite. Nos despedimos del chico (que por las calles que mencionó era de Capital), ella lo felicita y lo invita a ver sus carpetas de trabajos. Luego nos sentamos con nuestros vasos.
La idea de la entrevista despierta curiosidad pero también resquemor en Devota... los grabadores asustan a las personas que no acostumbran verlos, yo hago un esfuerzo por explicarle que lo necesito porque –y es totalmente verdad- tengo muy mala memoria. Ella me dice que no le gusta su voz en los micrófonos, yo también la detesto y digo que la mía es peor, rescuchando la grabación me doy cuenta que tuve la razón. Ella me pregunta para qué lugar es la entrevista, pues desea verla. “Para el blog de la universidad”, en ese momento creí que iba a ser así aunque ya comenzaba a dudarlo, presentía que era demasiado para desperdiciarlo en una nota pequeña pero aún no podía dar precisiones. Luego me cuenta que el día anterior le habían hecho una entrevista con cámara, y que se puso muy nerviosa y que “escupió” todo en cinco minutos. Le sugiero que se olvide del micrófono, que hable sin prestarle atención. Irónicamente los de la cámara son mis propios compañeros de la facultad que hacían su documental sobre el evento y en donde yo también fui protagonista.
Mi primer pregunta es por su verdadero nombre, cosa que se niega a darme. Un paso en falso que aún no entiendo como cometí, mejor dicho como no advertí, pues nunca me sentí tan principiante como en ese instante. Pensé en ese momento en mi profesora, que me había advertido de que no fuera con ningún tipo de expectativa, así que dejé que las cosas siguieran su propio curso. Entonces le pregunto por su seudónimo, ella me cuenta que desde chica siempre le gustó “el astro” y que no tiene nada que ver como solían preguntarle, con Sailor Moon. Ahí siento un punto de identificación conmigo: todas las chicas de mi generación vimos Sailor Moon, lo admitan hoy o no, y nos influenció con su lema de “fuertes, jóvenes y bellas” y su constante discurso sobre la importancia del amor y la amistad. Eso me dio pie a que también conocía algo de anime, cosa que me tranquilizó (los mal llamados otakus somos un elemento un tanto inquietante para los dibujantes, y posiblemente invasor). Lo que le gustaba de la serie es que “tenía lunitas por todos lados” y que cada vez que hace sus trabajos trata de introducir una luna. Ella me cuenta que cuando empezó, todas sus amigas tenían un seudónimo, y que llegó a la conclusión que lo que sentía por el astro era algo así como “una devoción”, y de allí se constituyó su personalidad artística.
Tiempo después comprendí que como buena luna que es, es una tontería tratar de descubrir sus misterios, pues en él se encuentra su encanto. Claro que siendo que a mi signo, Escorpio, lo rige Plutón, el planeta de lo trascendental y misterioso, es imposible negarme un secreto, así que sin quererlo terminó diciéndomelo el día que me vendió uno de sus trabajos. Pero como Escorpio es la pesquisa pero también lo oculto, voy a llevarme ese secreto conmigo.
Devota habla rápido, incluso de prisa, a veces se traba un poco, pero no deja de hablar, y el tema es nuestra infancia, ella me revela que tiene veintitrés años, mi edad exacta. Hablamos de las series que conforman nuestro “codigo subcultural”, ella menciona a las dos restantes: Saint Seiya (Caballeros del Zodíaco) y Dragon Ball. Encontramos en la comparación inevitable con las Sailor otro punto en común: las relaciones que las personas hacen (hay gente que cree que el anime influyó en mi decisión de estudiar japonés, cosa que no es verdad) , ella me cuenta que una de sus compañeras también estudia japonés, pero no pudo venir. Ella me cuenta que es la única del grupo que trabaja pero no estudia “no porque no quiera”, se cubre, un poco temerosa, esa es la razón por la que pudo viajar. Trato de tranquilizarle contándole algunas experiencias mías, parece que lo logro.
Devota me cuenta de sus influencias, y se niega a encasillarse en algún estilo en particular, como observa hacen otras personas. Del manga rescata la posibilidad de trabajar en blanco y negro, lo que abarata costos. Habla de los viajes con “Paganus” y que no piensa en recuperar el costo de los trabajos allí, su interés en “Leyendas” fue
conocer los trabajos de otras personas y es su primera vez en Rosario. Ahora cuenta que en la Capital (ella es de provincia), las exposiciones suelen cambiar de nombre muy seguido, pero que los organizadores las contacta. A su vez su público a veces es fijo, pero algunos sólo los ve una vez. La conversación pasa al grupo, que tuvo un staff cambiante a lo largo de cuatro años, pero que ahora son las cuatro chicas. Ella se ríe al recordar a una de sus amigas cuando dice “somos las CLAMP” (un grupo de dibujantes japonesas muy famoso compuesto por cuatro mujeres), y ella le responde “¡Ojalá!”, y nos reímos ambas, yo respondo: “pero las Clamp también fueron once al principio y quedaron cuatro”. Ella se engancha con la idea del grupo, sigue hablando de cómo conoció a gente que le gustaba “el medio” y le interesaba la idea de publicar sus trabajos. Entonces deciden conformar un grupo de trabajo para unir fuerzas. Nos interrumpen para saludarme, una chica se acerca a saludarme por el cosplay de la noche anterior, el celular me interrumpe y me obliga a retirarme un rato. Nos despedimos de la otra chica y seguimos hablando, mientras algo así como una gaita casi nos pela los oídos.
Seguimos hablando de los eventos a los que ha asistido, destaca el hecho de que los organizadores las conocen, que aunque son pequeñas (unos veinte stands) no son comerciales, y que hay muchas autopublicaciones, aunque han ido a otras donde están las grandes comiquerías. Me destaca la libertad artística con la que se manejan, y que el sello es más una forma de manifestarse, pues en sus obras cada una trabaja con su estilo independiente. Está feliz de poder ir a más eventos y mostrarse, incluso uno de sus trabajos tuvo tanta demanda que pasó de tener una tirada de treinta ejemplares a cien por tirada.
Hablamos sobre el profesionalismo, a raíz de que sus trabajos los imprimen en sus casas, estamos de acuerdo que las cosas necesitan más que calidad de materiales, el contenido que cada uno aporta. Nos metemos en temas feministas, yo pienso que fue intencional el hecho de que fueran mujeres, ella me saca de mi error, pues algunas vez tuvieron participantes varones, pero ahora el grupo ya se conformó y son solamente chicas. La idea principal fue “somos un grupo de amigas que nos gusta lo mismo”. De todos modos eso la influye, pues han hecho esfuerzo por darle un toque femenino “glamoroso y rosa” según sus propias palabras al stand. Y les funciona, porque ese fue el primer aspecto que percibí en Santa Fe. Hablamos de que el comic es un palo de varones de modo histórico
Luego vamos para su estilo de trabajo. Como Devota es una de las dibujantes que “trabajan de otra cosa” como dice la propaganda televisiva, hace un esfuerzo de quitarle tiempo a su propia vida para dibujar. Maneja sus tiempos como puede, aunque tratándose de poner objetivos para los eventos. Ella destaca que ese es su modo de trabajo, muy personal, como es toda ella. Habla de sus primeros trabajos como ilustradora de los trabajos, pero ahora está con “Magia”, su primer trabajo exclusivo. Me cuenta que no tiene un género específico, pero que esta historia mezcla la magia con las relaciones personales, y que se considera que está en una etapa de experimentación (yo también lo vi al ver su carpeta de trabajos, de los que seleccioné un par para mostrar aquí).
Mis preguntas ahora toman otra rumbo: el de las influencias (irónicamente, por donde empezamos). Le cuesta encontrar un referente único pero hace un esfuerzo para complacerme. De Japón, Clamp y Ai Yazawa (otra mujer, lo me indica que está más marcada por el género de lo que ella misma piensa), aunque son más bien “cosas que gustan”. Se niega rotundamente al hecho de ser encasillada en un estilo manga, pues al igual que todos los dibujantes que conocí en mi vida (y se precian de serlo), cree en que la historieta es una sola, y no debe encasillarse en distintos nombres. Vuelve el tópico generacional, sobre cuando los amigos de la infancia nos censuraban los televisores para no dejarnos ver anime y la poca comprensión que recibíamos en ese entonces, ella coincide con mi pensamiento en que los usos han cambiado con la masificación de la Internet. Su consumo de historias es voraz; trata de leer todo lo que llega a sus manos, que la historieta crezca y que haya gente que pueda trabajar de ello, pues son puertas que se abren para darse a conocer al mundo.
Rompo el esquema del dibujo, paso al cine. “No hay cosa que me guste más que una sala de cine”. Ahí sentí un cambio, que me había acercado a ella realmente, pues según sus palabras la atmósfera que se respira es increíble. Declara su amor prohibido a Disney, aunque detesta a Mickey Mouse. Gusta también el género de Ciencia Ficción y el Medieval, aunque no le llame el terror. “También me gusta el cine argentino y español”, insisto sobre el tema y cita a “El laberinto del Fauno” y las películas donde participan Darín, Norma Aleandro y Hector Alterio. Ella insiste en que su gusto es heterogéneo, así que pregunto por la música.
Sobre la música tiene un pensamiento similar: le gusta Soda Stereo y Cerati como solista. “Shakira también, aunque nada que ver”, dice. Entonces le recuerdo que al mimo Cerati también le gusta, pues trabajó varias veces con la colombiana y nos reímos. Nightwish, el J-Rock y Era, Evanescene por un lado aparecen, por el otro Mozart también, aunque la cumbia y el cuarteto “no le llaman”. Recuerda que su abuelo bailaba con ella chamamé, pero ahora ya no escucha. “¿Y tango?”, pregunto. “El instrumental, las letras tanto no me enganchan tanto”.
Seguimos hablando de la disyuntiva: “estudios grandes vs buenas ideas”; un recuerdo se le dispara: su madre le mostraba Disney y su padre Stars Wars. Bromea con esa idea sobre George Lucas y sus deseos de sacar cuartas partes de sus películas (aquí no lo dice pero se refiere a la última entrega de Indiana Jones) y se pregunta con ironía “¿que ya no es bastante rico?”. Descubrimos un pasado con puntos similares, con mi temprana lectura de Nippur de Lagash, aquella historieta de Robin Wood que hablaba de la lejana tierra de vagabundos, guerreros y amazonas como lo era la lejana sumeria (luego descubriría en la primaria que es allí donde nació la escritura) por influencia de mi mamá que leía la “Nueva aventura”, una versión acotada de “El Tony”. Hablamos de los orígenes de Leyendas, desde que nació a hoy. Sin quererlo pasamos a las tribus urbanas y nos reímos de las tonterías que aparecen en la televisión sobre eso y sobre los otakus, tema que daría para otra discusión.
El tiempo se nos fue agotando, sin darnos cuenta hablamos más de una hora. Ahora siento que me quedaron tantas cosas para hablar, pero que trataré de ver a través de sus dibujos. Sigo mirando sus obras y siento que nuestra conexión tiene un punto en común, que son los temas femeninos, como se ve en la mayoría de sus trabajos. Aún estoy impresionada por muchos de ellos, causan una sensación en mí muy extraña, como este último que usa mi color favorito de todos, el violeta de un modo suave e intenso a la vez. Ahora a lo lejos trato de descubrir más, pero aún me cuesta mucho... quizás sea un efecto intencional, en que cada uno deba encontrar sus propias asociaciones, sus propios significados... a mi me trajo a la memoria la infancia, la juventud y los deseos de crecer y creer en algo que quizás nadie más cree... un sueño que marca tu vida de forma definitiva, y por muy imposible que sea no se quiere ni se puede dejar de soñar. Sobre su autora, creo que nunca encontré a alguien con tantos misterios, pero a la vez tanto para descubrir como Devota de la Luna, un nombre perfecto para alguien que irradia brillo en sus obras, pero sin dejar de mantener una nebulosa de misterio en su persona, igual que la misma luna.
Victoria Varela
- Location:en casa con apuro por llegar a la facu
- Mood:
satisfied - Music:solo ruidos de la construcción de la esquina
